El legado de Pablo Escobar en los diferentes campos de la
sociedad y cultura colombiana son innumerables. A pesar de las cicatrices que conserva
la ciudad de aquella oscura época, aún se aprecia lo que fue la vida del
narcotraficante colombiano. Sus casas, edificios, haciendas y propiedades son
custodiadas celosamente por parte de la policía nacional y la fiscalía,
restringiendo el acceso a ellas. No obstante, allí siguen, erigidas, impasibles
a pesar del paso del tiempo. Uno de los legados más representativos que dejó
aquella época es el barrio llamado Medellín sin Tugurios, o como se le conoce
popularmente: El barrio Pablo Escobar.
El aviso gigante expuesto a la entrada del barrio, un
recordatorio a todos los políticos de la ciudad y del país sobre quién
construyó las casas. Al cruzar esta frontera, Pablo deja de ser el
narcotraficante y mafioso más peligroso que tuvo el país, y, por el contrario,
se convierte en el artífice de los sueños de miles que, con sus viviendas, se
sigue cumpliendo. La administración
comunal no permitió que el barrio llevara en nombre de aquel controvertido
personaje, y a pesar de que oficialmente Pablo Escobar no es el nombre del
barrio, todos lo conocen así. Sus habitantes conocían al Patrón como un hombre
bondadoso y bueno, como la persona que les dio un techo y un lugar que, casi
treinta años después, sigue siendo su casa. En este pequeño lugar de la ciudad
de Medellín, no se juzgan los delitos del capo del cartel de Medellín. Sin
embargo, Medellín sin Tugurios es un barrio con muchas necesidades y carece de servicios
para su comunidad, como colegio y canchas recreativas. Bienvenidos al barrio
Pablo Escobar.

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